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Pau Gasol Deportista profesional, presidente de la Gasol Foundation y candidato a la Comisión de At

Publicado: 8 de Junio de 2020

Confinamiento: ¿tiempo muerto o tiempo de juego? Publicada el 29 de mayo de 2020 Cuando, al fin, Nelson Mandela salió de la cárcel después de pasar en ella 27 años de su vida, un periodista le preguntó cómo había podido sobrevivir durante ese tiempo. Su respuesta fue contundente: "No sobreviví, me preparé". Mandela aprovechó cada minuto de su cautiverio para formarse y estudiar, mantener su forma física, desarrollar su pensamiento... En definitiva, invirtió su tiempo en prepararse para lo que vendría después entendiendo que, si mantenía su determinación, todo aquello pasaría y que un futuro prometedor le esperaba más allá de esas cuatro paredes. Existe un famoso dicho de la filosofía estoica que apunta: "No podemos controlar el mundo que nos rodea, solamente cómo respondemos a él". El ejemplo de Mandela, así como el de muchos otros, nos demuestra que, aunque no controlemos muchas de las circunstancias a las que estamos expuestos, nuestra forma de responder a ellas determinará en gran medida el resultado. Si en su momento Mandela hubiera optado por vivir con resignación y abandono, o con rabia y odio, sus días en prisión, nunca se hubiera convertido en el líder que consiguió unir un país, entendiendo y utilizando al deporte como vehículo aglutinador. De igual forma, si Malcolm X no hubiera optado por transformar su vida dentro de la prisión a través de los libros y dejar el mundo del crimen y el delito, nunca se hubiera transformado en un referente en la lucha para los derechos civiles de la raza afroamericana. El mismo Malcolm dijo: "Cuando cambiamos nuestra filosofía cambiamos nuestra actitud, y cuando cambiamos nuestra actitud cambiamos nuestras acciones". Pasividad frente a proactividad Hace poco, durante una de las charlas que comparto en Instagram con profesionales de distintos ámbitos, tuve la oportunidad de profundizar en este tema con Ryan Holiday, uno de los autores más prolíficos y exitosos de los últimos años, cuyos libros han vendido más de dos millones de copias y han sido traducidos a treinta idiomas. Los libros de Holiday exploran en gran medida las ideas de la filosofía estoica y nos explican cómo podemos aplicarlas a nuestro día a día. A veces, cuando pensamos en filosofía, imaginamos algo demasiado teórico y distante, pero lo cierto es que sorprende ver cómo ideas de siglos pasados se hacen tan presentes en el contexto actual. A continuación, me centraré en uno de los conceptos que exploramos en nuestra conversación y que cobra especial sentido en la situación actual. En baloncesto, "tiempo muerto" es una interrupción en el partido solicitada por el entrenador de uno u otro equipo. Constituye un momento en el que el juego se detiene para escuchar las indicaciones de los técnicos, para romper el ritmo del equipo rival y/o para que los jugadores recuperen el aliento. El tiempo de juego, por el contrario, lo componen esos segundos o minutos productivos en pista en los que el equipo tiene la posibilidad de crear oportunidades, anotar y, en definitiva, conseguir un resultado a su favor. Como baloncestista, mi misión es sacar el máximo provecho de los minutos de juego para conseguir que el marcador sea lo más favorable posible y así poder tener la mejor opción de ganar el partido. De igual forma, en la vida en general, Ryan diferencia entre dos tipos de tiempo: lo que llama "dead time" y "alive time" (tiempo muerto y tiempo vivo). El primero se materializa cuando adoptamos una actitud reactiva y pasiva ante una determinada situación. Cuando nos sentamos y esperamos que las cosas pasen, sin hacer nada al respecto. Aunque, como os explicaba, el tiempo muerto en baloncesto tiene una utilidad definida e importante, el "tiempo muerto" al que se refiere Ryan es lo que consideraríamos como tiempo perdido o desperdiciado. En cambio, el segundo concepto, "alive time", se refiere a la actitud de ser proactivos y centrarnos en todo aquello que podemos hacer en el momento en el que nos encontramos, como, por ejemplo, aprovechar para aprender, mejorar y crecer. Ante situaciones como la actual, esta distinción se hace especialmente importante para conseguir sacar el máximo provecho de esta época de confinamiento. "El aislamiento puede ser creativo", titula la doctora en filosofía Joke J. Hermesen uno de sus artículos más recientes. Nadie duda de que esta situación pasará y que, por mucho que la realidad no volverá a ser como antes, restableceremos una nueva normalidad a la que todos deberemos adaptarnos. Lo que debemos preguntarnos es: cuando echemos la vista atrás ¿cómo queremos recordar este período? ¿Queremos verlo como una etapa oscura que frenó nuestros sueños? ¿O preferimos rememorarlo como un período que estimuló nuestra capacidad creativa y nos impulsó a reconvertirnos? Personalmente, prefiero ver este período como una oportunidad. Como muchos de vosotros sabéis, mis planes hasta principios de marzo pasaban por recuperarme de mi lesión con el objetivo de aspirar a jugar mis quintos Juegos Olímpicos. Todos mis esfuerzos y energías estaban puestos hacia esa meta que se dibujaba en el horizonte de forma tan clara. De repente, el mundo se paró ante la aparición de una pandemia que está castigando a todos los países en mayor o menor medida. La emergencia sanitaria se convirtió en una prioridad global, y los deseos y objetivos individuales quedaron relegados al bienestar común. Como todos, tuve que hacerme a la idea de que mis planes deberían cambiar y los Juegos Olímpicos tendrían que esperar. Esto me daba más margen de recuperación, obviamente, pero también añadía un año más a mi ya dilatada carrera deportiva. Sea como sea, decidí enfocarlo con una actitud positiva no solamente desde el punto de vista de la preparación y la recuperación, sino también desde la posibilidad de explorar nuevas facetas de mi persona. Revaluar nuestras posibilidades Tal y como lo han hecho las grandes personalidades a lo largo de la historia, los períodos de reclusión o confinamiento pueden convertirse en momentos de preparación. Simplemente debemos sentarnos para revaluar nuestras posibilidades y ver cómo podemos utilizar ese tiempo para que sea lo más productivo posible. Esta idea va muy unida a la mentalidad que predicaba mi gran amigo Kobe Bryant, su "mamba mentality". Él nunca desperdiciaba ninguna circunstancia, por adversa que fuera, para convertirla en motivación y que le impulsara hacia un nuevo reto de superación. Una derrota era un toque de atención a la necesidad de ser mejor al día siguiente; una lesión era un obstáculo para mejorar físicamente y reforzarse; un cambio en el equipo suponía una nueva estrategia para hacer que los nuevos jugadores se adaptarán lo más rápido posible al colectivo... Cualquier circunstancia que a muchos podía minarles la moral, él la convertía en un nuevo reto que avivaba aún más su deseo de excelencia. De igual modo, nuestro período en casa puede convertirse en nuestro bastión particular desde el que aprendamos costumbres que sean beneficiosas y nos acompañen a lo largo de nuestra vida. Por ejemplo, puede ser un buen momento para trabajar hábitos saludables que nos ayudarán a mejorar nuestro estado de salud. Realizar una hora de actividad física diaria, comer de forma saludable, descansar las horas necesarias y cuidar de nuestro bienestar emocional son algunas de las pautas que me ayudan en mi día a día. También podemos descubrir otras facetas de nosotros mismos que hasta ahora teníamos aparcadas . Yo, por ejemplo, estoy aprovechando el tiempo para crear, a partir de mi experiencia, contenidos que puedan ser útiles para la gente. En definitiva, convirtamos el tiempo muerto en tiempo de juego para estar preparados para la nueva realidad. Y que sea una realidad que nosotros creemos, tanto en nuestros hogares como en nuestras empresas y en nuestro país. Artículo original publicado en Expansión

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